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Nada es casual

Van casi 30 años que Pablo Diez trabaja con tambos, apenas terminó el servicio militar entró a trabajar durante 4 años en Control lechero en la Sociedad Rural de Trenque Lauquen. En una exposición rural tomó contacto con Juan Debernardi, y se animó al cambio, saltó a la faz comercial y selló para siempre su relación con el sector lechero.

Cuando aparece en su oficina el escritorio de Pablo se convierte en un lugar de encuentro de tamberos y proveedores del sector, todos llegan con tiempo para calentar el agua y compartir unos mates. En las rondas espontáneas se intercambian noticias de los tambos, desde lo productivo a lo familiar. Compras, ventas, litros por vaca, soluciones ingeniosas... Los lunes el tema es el futbol pero la política y algún chisme del pueblo también pueden entran en la agenda semanal. En este escritorio se palpa el ritmo y el humor de la actividad tambera local.

Control lechero
“Me encantaba hacer control lechero, a los 20 años no tenés problemas con los madrugones, iba en un jeep a los campos a estar con los tamberos. No hacía solo el control, llevaba las fichas, hacia las fotos, tatuaba. Pero ya casado y con un hija, la oportunidad de trabajar en ventas me ofrecía horarios más estables, calidad vida, contactos y posibilidades de capacitación. Me cambió la vida. Poder viajar, aprender, capacitarme en genética. Para mí fue lo máximo. Al principio me capacitó Juan en persona y después me guié mucho por la gente que yo consideraba que tenía muy buenas vacas y me apoyé en su conocimiento. Martin Fourcade, el Vasco Echaide, que no solamente eran cabañeros sino que amaban sus vacas…también la Sra de Polledo y Horacio roca, fueron mis puntales en aquellos años. Con ellos aprendí desde cómo interpretar un catálogo hasta leer un pédigree. El apoyo de las compañías de Estados Unidos y de los calificadores fueron fundamentales.”

Desde el abuelo al nieto
El estilo de trabajo de Pablo se mantiene vigente, en los campos ya viene trabajando con tres generaciones, empezó con los que hoy son abuelos, siguió 20 años con los hijos y ahora se encuentra tratando mano a mano con los nietos de aquellos primeros clientes. “Lo que cambió esto! ,exclama acentuando la “e”, con una elocuente mirada hacia arriba y repite- ¿sabés lo que cambió esto en 20 años?. Yo tuve la suerte de vivir el desarrollo desde los 18 litros a pasto a los 30 litros con encierres. El cambio de todos ustedes lo he compartido y lo he vivido. Para mí el tambo es una de las explotaciones que más creció. Hoy vez lactancias de 9000 litros en los campos de cualquiera de los productores de la zona y cuando yo empecé el promedio era 5000 litros en 305 días. Prácticamente se duplicó el promedio.

Un legado de afecto
Aprovechando su experiencia con el sector le preguntamos si reconoce en los productores tamberos algún rasgo que los caracterice. Diez nos contesta enseguida que además del cariño por las vacas hay una cuestión que es como un legado: “vos los recibiste y lo tenés que continuar…hay empresas que no hubieran resistido si no fuera por ese afecto a la actividad. Yo tengo ejemplos de tamberos que han nacido en el tambo. Hay un campo en el que crecieron 3 generaciones en el mismo tambo.” Todo eso genera lazos y lealtades, explica “ imaginate que cerrar ese tambo te cuesta un montón.”

No tengo más que agradecimientos para con esta actividad
“He estado en bautismos, fiestas de quince y casamiento de los hijos de los tamberos, porque me siento parte, en cada tambo que entro soy parte. No me van a alcanzar las palabras para agradecer lo que me dio el mundo de la lechería. No creo que con otra actividad hubiera tenido la oportunidad de conocer tanta gente y recibir tanto afecto de todos, desde el guachero, el tractorista, el dueño del campo los asesores….”

“También he compartido los sinsabores lógicos de las crisis. Las sufro junto con el productor, porque me repercuten directamente. Por ahí te encontrás trabajando en un programa genético, buscando la super vaca, y te agarra lo que sea: políticas gubernamentales, situación climática, lo que vos le quieras poner, y tenes que volver todo para atrás y después de vuelta a arrancar.”

Cuando cierran un tambo te sacan una parte de la vida
Lo más triste ha sido vivenciar las liquidaciones de los tambos. Cuando los tambos cierran, lo sufrís muchísimo, yo lo viví, Por ahí ibas al tambo y el tambero me preguntaba: - ¿no sabes si cierran el tambo porque escuché rumores por ahí? y yo tenía que afrontar esa angustia muchas veces sabiendo que los rumores eran ciertos. Te pones en el lugar de esa gente y es tristísimo, como que les sacan una parte de su vida, no solo el laburo. Además se queda sin trabajo el tambero y todos los proveedores del tambo, que somos muchísimos. Eso es lo que tendrían que valorar más de una vez en las grandes esferas cuando se toman decisiones que afectan esta actividad que mueve tanta gente.

El fantasma de Palermo
La primera vez que presenté terneras en Palermo llovía y un paisano me prestó un poncho encerado. El problema fue que mi vaquillona no estaba preparada para ver venir semejante fantasmita, y encima el poncho se arrastró e hizo ruido lo que provocó la estampida de la ternera y aparecimos en el medio de la pista. Yo con carita de nada porque ella me llevaba flameando . Decir que decidió parar ahí justito al medio de la pista sino todavía estoy corriendo detrás de la ternera. Incluso don Saenz Valiente el papá de Gervasio se reía e hizo una chanza sobre mi entrada tan original, preguntándose si había estado preparado o no. Pero no había estado preparada… lo preparó la vaquillona que decidió que paráramos en el centro mismo de la pista!. Ese fue mi bautismo en Palermo, medio vergonzoso y traumático, pero volví durante muchos años.

El fuerte es la gente
Me gustaría resaltar algo que yo noto más que nada en esta zona y es el valor que se le da a la gente. Acá la gente dura mucho en su trabajo y para mi esa es una de las razones para que esta cuenca sea una de las más exitosas del país. No me preguntes por qué pasa, pero se ve que el productor está en contacto con su gente. Yo creo que se lo debemos mucho a los grandes asesores que tuvimos como puede ser el caso de Javier Zubizarreta , Esteban Barthalot, Eyerabide, García Bouissou, son protectores del empleado. En general lo que es personal no rota tanto, yo lo veo como una fortaleza. Es tanta la fortaleza que nosotros somos una cuenca que está mil litros por encima de muchas, y eso no es vaca ni alimento. Vos te encontrás con encargados que están años en su trabajo, hay algo que trasmite el productor que hace que se pongan la camiseta tanto que después no se quieren mudar, es algo positivo. Lo mismo pasa con los proveedores, pasamos a ser parte, hay proveedores de toda la vida, ya son amigos. Somos amigos.

FUENTE: Revista Leche, Camara…Accion. Edición Agosto 2013 nº 119

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